John Axelrod






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5 Oct 2015
Nueva era, neuva espiritu
Diario de Sevilla/El Correo

 

CRÍTICA DE MÚSICA

Nueva era, nuevo espíritu

 

ANDRÉS MORENO MENGÍBAR | ACTUALIZADO 18.09.2015 - 05:00

XXVI Temporada de conciertos. Programa: 'Donde se forjan las quimeras', de N. Núñez Hierro; 'New era dance', de A. Jay Kernis; Sinfonía nº 9 en mi menor, op. 95 'Del Nuevo Mundo', de A. Dvorák. Director: John Axelrod.Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Jueves, 17 de septiembre. Aforo: Dos tercios.

No se trataba sólo de ser testigo del primer concierto dirigido por John Axelrod como director artístico de la Sinfónica, sino de experimentar la viabilidad del nuevo espíritu de la programación diseñada por el texano y basada en la presencia cotidiana de obras actuales y en buscar otro tipo de repertorio diferente al más habitual de los conjuntos sinfónicos.

Empezando por lo segundo, y con el recuerdo de los frustrantes resultados de similares intentos por parte de Pedro Halffter hace una década, al menos en lo que se refiere a este primer programa hay que afirmar que se trató de una feliz idea. La obra de la jerezana Núñez Hierro resulta fascinante en su hálito de inquietud permanente, como de interrogantes encadenados sin respuesta y sostenida sobre una seductora armonía de timbres que sabe extraer una inacabable paleta de colores de la orquesta, una orquesta de respondió con brillantez. Aún más brillante y hasta espectacular fue la respuesta orquestal a la bernsteiniana obra de Jay Kernis, todo un fresco de los sonidos de la ciudad de Nueva York amalgamados con incesantes cambios de ritmo y con unas secciones de percusión y de metales magníficas.

Ya en la primera parte dejó ver Axelrod una de sus mejores cualidades directoriales: su capacidad de transmisión y su facilidad en la comunicación con la orquesta, algo que afloró de manera palpable en la sinfonía de Dvorák. El gesto es siempre claro y directo, el fraseo es flexible y la atención a cada pasaje instrumental es absoluta y ello se notó en cómo la ROSS respondió con un sonido muy empastado y con gran atención a los matices y acentuaciones. Axelrod quiso dejar su versión personal de la conocida sinfonía con nuevos matices en el fraseo, como las ligeras pero eficaces retenciones en el segundo tema del primer movimiento. Planteó el Largo con espíritu camerístico y un tempo sosegado y al límite de lo sostenible. A la flexibilidad rítmica en el Molto vivace le siguió el premeditado juego de contrastes agógicos del final.

 

La Sinfónica de Sevilla estrena la era John Axelrod con la orquesta puesta a sus pies

Sinfónica de Sevilla****

 

ISMAEL G. CABRAL /

SEVILLA /

18 SEP 2015 / 08:42 H

 

Comenzó. Anoche se redactaron los primeros renglones de la historia que el nuevo maestro titular de la Sinfónica, John Axelrod, va a escribir en Sevilla. Fue un concierto extraordinario camuflado de normalidad, el director norteamericano recoge el testigo de Pedro Halffter, que ha dejado la orquesta en una formidable forma técnica. Axelrod no quiso revestir la ocasión de un especial boato, apenas unas breves palabras emocionadas en las que remarcó el título, nada casual, dado a su primer concierto, Nueva era.

Lo cierto es, que pocos son los que presienten que vaya a comenzar algo realmente extraordinario, en el sentido de cambio, de transformación. Axelrod es un excelente director, como ya sabíamos y como volvió ayer a quedar de manifiesto [hoy tienen una nueva oportunidad de comprobarlo a las 20.30 horas]. Pero su primera temporada, aun con aires de renovación, no debe ser (confiemos) la que tomaremos en el futuro como ejemplo de su singladura hispalense. Anoche en todo caso comenzó de la mejor forma posible, con la ilusión de marcar los primeros compases de una obra de la compositora andaluza Nuria Núñez (1980).

Donde se forjan las quimeras (2010) es una partitura de gran riqueza tímbrica y de cierto refinamiento en su sonar, en la que su autora se distancia radicalmente de otras obras suyas, camerísticas, notablemente más gestuales y abruptas. Pareciera como si el aparato orquestal hubiera domesticado la estética de la autora, quien seguramente hoy se reconocerá en partituras suyas más recientes. La ROSS ofreció una lectura serena en la que quedó de manifiesto los sutiles juegos de espacialización que propone Núñez; y Axelrod remarcó especialmente el tiempo retenido, casi suspendido, de una muy inspirada sección central, en la que el sonido de unos palos de lluvia crean una atmósfera sumamente atractiva.

En las notas al programa se invoca Ameriques, la gran y pionera obra de Edgar Varèse, inédita en Sevilla, como influencia de la intrascendente y ejemplarmente cosida New era dance(1992/2000), de Aaron Jay Kernis (1960). Ojalá sea Axelrod quien ponga en los atriles aquella estimulante y apabullante creación de su compatriota. Bienvenida sea, mientras tanto, la pieza de Kernis, un divertimento de jugosas referencias que fue interpretada con contagioso entusiasmo.

Con Halffter, Axelrod parece compartir su tendencia a remarcar los momentos más decibélicos e intensos de cada creación. Pero a diferencia de aquel, el nuevo director gusta de imprimir un gesto más arrebatado, más acuciante a las transiciones. Es lo que opinamos tras oír su versión de la célebre Sinfonía Del Nuevo Mundo, de Dvorak. Manejó con maestría y numen las dinámicas y guardó sutiles equilibrios entre lo camerístico y lo orgiástico. Luego está otro show, el que da el maestro. Tómese, si se desea, como un plus. Sin batuta y si chaqué, Axelrod exterioriza lo que está sintiendo mientras está ahí arriba. Y de esa forma muchos vibran el doble. Es cuestionable, pero ni quita ni aporta. De lo que no hay duda es que tenemos por delante un ilusionante camino.


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